Al hombre que va todos los días a la oficina se le suele regalar lo mismo: otra agenda, otro termo, otra corbata. Si quieres que esta vez el regalo salga de la caja y se use, piensa en su rutina, no en la vitrina.
Antes de pensar en cosas concretas, vale la pena tener cuatro criterios a mano. Un buen regalo para alguien de oficina cumple casi todos.
Lo usa a diario. Lo que sale con él de la casa todos los días le da más vida al regalo que lo que se queda en un cajón del escritorio.
Resuelve algo que hoy hace mal. El portátil que lleva en una bolsa de tela, los cables sueltos, la billetera que ya no cierra. Fíjate en lo que improvisa.
Va con cómo se viste. No es lo mismo una oficina de traje que una de jean y tenis. El regalo tiene que verse bien con la ropa que ya usa, no con la que tú quisieras que usara.
Aguanta la ciudad. En Bogotá eso quiere decir lluvia de un momento a otro, trancones y Transmilenio lleno. Lo que es frágil o incómodo de cargar se abandona rápido.
Cumpleaños. Es la ocasión más personal, así que puedes arriesgar un poco más en el estilo. Si sabes qué carga todos los días, el regalo casi se elige solo.
Grado. Quien se gradúa y va a empezar a trabajar muchas veces no tiene todavía con qué ir a la oficina. Sigue usando el morral de la universidad. Un morral o una bandolera con aire formal le resuelve esa transición.
Ascenso. Aquí el regalo puede subir de nivel. Un cargo nuevo suele venir con más reuniones y más clientes, y un buen maletín acompaña bien ese cambio.
Nuevo trabajo. El primer día se llega con lo que uno tiene. Un regalo que le sirva desde ese primer día, y que no se vea improvisado, se recuerda. Si no sabes todavía cómo es la nueva oficina, elige algo sobrio que funcione tanto en una formal como en una informal.
Navidad. Es cuando más fácil se cae en regalar por cumplir. Justo por eso, algo útil se nota.
El Mónaco es el maletín completo de la línea. Es de cuero, mide 38 × 30 × 10 cm, le cabe un portátil de hasta 15 pulgadas y tiene siete compartimentos: principal, dos al frente, dos exteriores y uno trasero, todos con cremallera, más un bolsillo abierto.
Sirve para el que lleva portátil, cargador, carpetas y libreta en el mismo día y no quiere tener que sacar todo para encontrar un bolígrafo. Cuesta $180.000, o $171.000 pagando en línea.
Viene en negro, café y caramelo. Para una oficina formal, negro o café.
La Sidney es una bandolera de cuero de 33 × 27 × 7 cm con seis compartimentos. Le cabe un portátil o una tablet de hasta 12 pulgadas. Cuesta $130.000, o $123.500 en línea.
Si la persona carga un portátil de 15 pulgadas y se mueve en transporte público, el Múnich le sirve más. Es un morral de dos tirantes en sintético de alta resistencia, con división para el portátil, y está en oferta: $120.000, o $114.000 pagando en línea.
Si quieres que sea sorpresa, hay tres cosas que puedes averiguar sin que se dé cuenta.
El tamaño de su portátil. Es el dato que más errores evita. Un maletín bonito al que no le entra el equipo no sirve. Si no sabes cómo averiguarlo, está explicado en cuántas pulgadas tiene mi portátil.
Cómo llega a la oficina. Si va en carro, un maletín de mano o de hombro le queda cómodo. Si va en Transmilenio, bici o caminando, piensa en un morral. La comparación completa está en morral o maletín para la oficina.
El color de sus zapatos y correas. Si casi todo lo que usa es negro, regala negro. Si usa café, café. Es la forma más simple de que el regalo combine con lo que ya tiene.
Si aun así no logras saber nada, pregúntale a alguien que comparta oficina con él o a su pareja. Una pregunta casual sobre el portátil o sobre cómo se va al trabajo te da casi todo lo que necesitas, y la sorpresa se mantiene.
Cosas para el escritorio que nadie pidió. Portalápices, adornos, placas con frases. Ocupan espacio y muchas oficinas ni siquiera tienen puesto fijo.
Perfume, si no conoces el que usa. Es muy personal y es fácil fallar.
Tecnología que ya tiene. Audífonos, mouse o cargadores suelen venir con el equipo de la empresa o ya los eligió él a su gusto.
Algo que parezca dotación. Si el regalo se ve igual a lo que le entrega la empresa, no se siente como regalo.
Lo que dice «cuero» y no lo es. Si el regalo es de cuero, pregunta. Si es sintético, que te lo digan de frente. Las dos opciones pueden estar bien, pero hay que saber qué estás pagando. La diferencia está en cuero real o sintético.
La Milán es la bandolera pequeña de la línea: cuero, 22 × 25 × 6 cm, cinco compartimentos, cuatro con cremallera. No le cabe portátil, pero sí celular, billetera, llaves y una tablet pequeña. Cuesta $100.000, o $95.000 pagando en línea.
Le sirve al que ya tiene dónde llevar el portátil y quiere algo liviano para salir a almorzar, ir a una reunión corta o el fin de semana.
Entrega. En Bogotá el envío es gratis y llega al día siguiente. Al resto del país se despacha al día siguiente por transportadora; el flete, de unos $20.000, se paga al recibir, y el tiempo depende del destino.
Pago. En línea ahorras 5% con PSE, tarjeta, Efecty o saldo de Mercado Pago. En Bogotá también puedes pagar contraentrega en efectivo.
Si no le sirve. Tienes 5 días hábiles de retracto, y la garantía cubre costuras, cremalleras y herrajes por 4 meses.
Si el regalo no es tuyo sino de la empresa para varias personas, eso tiene otra lógica y está en pedidos corporativos.