Buscar un morral antirrobo tiene toda la lógica en una ciudad donde uno anda pendiente de la maleta en cada estación. Pero lo que más te cuida no es una etiqueta. Es dónde llevas el morral, qué guardas en cada bolsillo y un par de hábitos que se vuelven automáticos.
Ninguno de nuestros modelos es «antirrobo», y no lo vamos a vender así. Ningún morral hace imposible un robo. Lo que sí existe son detalles de diseño que ponen las cosas de valor más lejos de una mano ajena, y formas de llevar el morral que te dejan menos expuesto.
Cuando veas algo anunciado como antirrobo, pregunta qué tiene exactamente: dónde van las cremalleras, si hay un bolsillo contra la espalda, de qué material es. Eso te dice más que el nombre.
Lo que sigue son consejos prácticos para el día a día en Bogotá. Ninguno es infalible, pero juntos cambian bastante.
Morral adelante apenas entras a la estación. No esperes a subirte al articulado. En la fila, en el torniquete y en la puerta también hay empujones, y un morral en la espalda es un morral que no ves.
Los dos tirantes puestos, aunque sea adelante. Un morral colgado de un solo hombro se resbala y es fácil de halar.
El celular guardado cerca de las puertas. Justo cuando se van a cerrar es mal momento para ir mirando el celular en la mano. Si lo necesitas, aléjate de la puerta.
Nada en el bolsillo de atrás del pantalón. Ni el celular ni la billetera. Es lo más fácil de sacar en un bus lleno.
Si vas sentado, el morral en las piernas. No en el piso ni en la silla de al lado.
De todos los detalles de diseño, este es de los más útiles. Un bolsillo que queda pegado a tu espalda es muy difícil de abrir sin que te des cuenta, porque para llegar a él hay que quitarte el morral. Ahí van la billetera, el celular cuando no lo usas y los documentos.
El Múnich tiene uno. Es un morral de dos tirantes en sintético de alta resistencia, con compartimento principal con división para portátil de hasta 15 pulgadas, un bolsillo al frente y el bolsillo contra la espalda. No es antirrobo; simplemente ese bolsillo queda donde es más difícil de alcanzar.
Cuando lo llevas adelante en el articulado, ese mismo bolsillo queda contra tu pecho. Los tirantes son regulables, así que lo puedes ajustar para que quede pegado al cuerpo. Está en oferta a $120.000, o $114.000 pagando en línea.
Una bandolera tiene una ventaja clara en la calle: la llevas a la vista todo el tiempo. Pero solo si la usas bien. Cruzada sobre el pecho, no colgada de un hombro, y con el cuerpo de la bandolera adelante, donde tu mano llega primero.
La Milán es de cuero, mide 22 × 25 × 6 cm y tiene cinco compartimentos, cuatro con cremallera. Por su tamaño queda pegada al cuerpo y no estorba en un bus lleno. No le cabe portátil. Cuesta $100.000, o $95.000 en línea. Si necesitas llevar un equipo de hasta 12 pulgadas, la Sidney es la misma idea en grande.
Ninguna de las dos es antirrobo. Lo que ayuda es la forma de llevarlas. Si estás pensando en cambiar el morral por una, está bandolera para hombre.
No lo cuelgues de la silla. El morral en el espaldar de la silla del restaurante está detrás de ti y a la altura de cualquiera que pase. Ponlo en tus piernas o en el piso entre los pies, con un tirante enganchado a la pierna o a la pata de la silla.
El celular no se queda en la mesa. Sobre todo si estás en una mesa que da a la calle o a la puerta.
Camina con el celular guardado. Si tienes que mirarlo, detente contra una pared, no en medio del andén ni en una esquina.
No saques todo para buscar algo. Si tienes que abrir el morral en la calle, hazlo contra una pared y ábrelo lo justo.
Lo de valor, en lo más adentro. Billetera, celular y documentos, en el bolsillo contra la espalda o en un compartimento interior con cremallera. Nunca en un bolsillo exterior.
Los bolsillos de afuera, para lo que no te duele perder. La sombrilla, un paquete de pañuelos, el tapabocas.
Cremalleras cerradas siempre. Parece obvio, pero es fácil dejar una a medio cerrar después de sacar la tarjeta del Transmilenio. Revísalo antes de salir de la estación.
No lleves todo contigo. Si no vas a usar el pasaporte, las tarjetas que no usas o el disco duro, déjalos en la casa. Lo que no cargas no te lo pueden robar.
El portátil en el compartimento principal, nunca en uno exterior. Es lo más pesado y lo más costoso, y adentro queda más protegido. Si tienes dudas de si el tuyo cabe, mira morral para portátil.
En carro o taxi, el morral no va a la vista. Sobre el asiento del copiloto, con la ventana abajo en un trancón, es una invitación. Ponlo en el piso o en el baúl antes de salir, no cuando ya estás parado.
En bici o moto, los dos tirantes ajustados. Que no se mueva de lado ni cuelgue. Un morral suelto es incómodo y fácil de halar en un semáforo.
Si te mueves así todos los días, puede servirte comparar opciones en morral o maletín para la oficina.
No te resistas. Nada de lo que llevas vale más que tú.
Ten el celular con bloqueo de pantalla y activada la opción de ubicarlo y borrarlo a distancia. Configúralo hoy, no el día que lo necesites.
Guarda una foto de tus documentos en un lugar seguro, fuera del celular. Hace mucho más fácil cualquier trámite después.
Ten a mano los números de tu banco para bloquear tarjetas rápido.
No existe el morral que te proteja solo. Lo que sí sirve es llevarlo adelante en el transporte público, guardar lo de valor donde no se alcanza desde afuera y no dejarlo nunca a la espalda de la silla.
Si buscas un morral con bolsillo contra la espalda, mira el Múnich. Si prefieres algo pequeño que vaya siempre a la vista, la Milán. Y si tienes dudas de cuál te sirve para tu recorrido, escríbenos por WhatsApp.