El cuero sintético es fácil de limpiar, y justo por eso se daña fácil: la gente le echa lo primero que encuentra. Con agua, jabón neutro y paciencia queda bien. Con alcohol o cremas, se pela.
El cuero sintético no es piel. Es una tela o base recubierta con una capa plástica que le da el aspecto y la textura. Todo lo que le hagas afecta esa capa, y cuando esa capa se daña, no hay forma de recuperarla.
Por eso no se cuida igual que el cuero natural. El cuero natural absorbe, se hidrata y envejece. El sintético no absorbe nada: lo que le pongas se queda en la superficie o la ataca. Si tienes dudas sobre qué material es tu maletín, está explicado en cómo saber si es cuero real o sintético. Y si el tuyo es de cuero natural, lo que necesitas es la guía de cuidado del cuero, no esta.
Esto es lo que sirve para el polvo, el sucio de la calle y las marcas de las manos. Hazlo cada vez que lo veas opaco, sin esperar a que esté muy sucio.
1. Vacíalo y sacúdelo. Abre todos los bolsillos, saca todo y voltéalo boca abajo para que caigan las migas y la arena.
2. Pasa un paño seco. Mejor si es de microfibra. Quita el polvo suelto antes de mojar, para no convertirlo en barro.
3. Humedece otro paño. Con agua tibia y unas gotas de jabón neutro, sin cremas ni perfume. El paño debe quedar húmedo, no goteando. Escúrrelo bien.
4. Limpia con suavidad. Movimientos cortos, sin presionar ni frotar fuerte. Si es la primera vez, prueba antes en una zona que no se vea.
5. Retira el jabón. Con un paño humedecido solo con agua. Si queda jabón, deja una película opaca.
6. Seca y deja airear a la sombra. Pasa un paño seco y deja el morral abierto en un lugar ventilado, sin sol directo. Rellénalo con papel para que conserve la forma mientras seca.
Esta lista importa más que la anterior. Muchos de los daños que se ven en el sintético empiezan por usar algo de aquí.
Alcohol. Reseca la capa superficial y la vuelve quebradiza. Incluye el gel antibacterial y las toallitas desinfectantes.
Acetona o quitaesmalte. Disuelve el recubrimiento. Una sola pasada puede dejar una mancha que no se quita.
Cloro y desengrasantes fuertes. Decoloran y atacan el material. Lo mismo vale para limpiadores de cocina y de baño.
Cremas, grasas o aceites para cuero natural. El sintético no los absorbe. Quedan encima, pegajosos, atrapan polvo y con el tiempo pueden ablandar la capa.
Secador de pelo, sol directo o calentador. El calor es enemigo del sintético. Lo deforma, lo arruga y acelera que se agriete.
Lavadora, esponja de brillo o cepillo duro. Rayan y desprenden la superficie. Remojarlo tampoco: el agua se mete por las costuras y la base se debilita.
Tinta. Actúa rápido. Con el paño húmedo y jabón neutro, da toques sobre la mancha, sin frotar en círculos, porque eso la extiende. Si sale una parte, repite. Si no sale después de dos o tres intentos, no escales a solventes: vas a cambiar una mancha de tinta por una mancha de material dañado. Escríbenos y lo revisamos.
Grasa. Primero retira lo que puedas con papel de cocina, sin frotar. Luego espolvorea un poco de maicena o talco sobre la mancha y déjalo varias horas para que absorba. Retira el polvo con un paño seco y termina con la limpieza normal.
Barro de lluvia. En Bogotá es la más común: el charco que salpica, el andén mojado donde pusiste el morral. Si todavía está húmedo, retíralo con un paño húmedo sin restregar. Si ya secó, quita el grueso con un cepillo de cerdas suaves y luego pasa el paño. No lo dejes días con barro, porque se mete en las costuras.
Cremalleras. Si se ponen duras por polvo o arena, pásales un cepillo de dientes suave y seco a lo largo de los dientes. Nada de aceite de cocina.
Forro interior. Sacude, pasa un paño húmedo con muy poco jabón y deja secar con el morral abierto antes de volver a guardar cosas.
Buena parte del desgaste de un morral sintético pasa cuando no se está usando. Unos cuantos hábitos hacen la diferencia.
Guárdalo limpio y seco. Nunca mojado después de un aguacero. Primero seca, después guarda.
Mantén la forma. Rellénalo con papel o con una bufanda si lo vas a guardar varias semanas. Los dobleces marcados son los primeros sitios donde el material se cuartea.
Lejos del calor y del sol. No lo dejes junto a la ventana, en el baúl del carro al sol ni cerca de un calentador.
Que respire. Evita las bolsas plásticas cerradas, porque atrapan humedad. Mejor una funda de tela o un estante ventilado.
No lo cuelgues lleno. Colgado de las correas con peso durante días, las costuras y los tirantes se estiran.
Ninguno de estos cuidados hace que un morral dure para siempre. Todos ayudan a que dure bastante más de lo que duraría sin ellos.
Bogotá es fría y lluviosa, y muchos apartamentos tienen clósets que no ventilan. Un morral que se guardó un poco húmedo o que pasó semanas en un clóset cerrado puede coger olor a encierro.
Ventílalo. Ábrelo por completo y déjalo un día entero en un lugar con aire, a la sombra.
Usa bicarbonato. Pon un par de cucharadas dentro de una media limpia o una bolsita de tela, amárrala y déjala adentro durante la noche. Absorbe el olor sin tocar el material.
No lo tapes con perfume. Ni ambientador ni loción rociados directo: algunos llevan alcohol y el olor de fondo sigue ahí.
Prevén. Los sobrecitos de sílica que vienen en las cajas de zapatos sirven para dejar dentro del morral guardado. Y otra vez: nunca lo guardes mojado.
Algo honesto sobre la garantía: cubre costuras, cremalleras y herrajes por cuatro meses, pero no cubre daños por humedad prolongada. Las condiciones completas están en envíos y garantía.
El Múnich es nuestro morral de sintético de alta resistencia, no de cuero. Se eligió ese material a propósito, para el uso diario en la ciudad: se limpia con un paño húmedo siguiendo exactamente lo que está en esta guía.
Mide 38 × 30 × 10 cm, le cabe portátil de hasta 15 pulgadas y tiene tres compartimentos. Está en oferta: antes $140.000, ahora $120.000, o $114.000 pagando en línea.
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